Ahlem y la influencia de la arquitectura Bauhaus en el diseño de gafas

La mayoría de los diseñadores de accesorios miran hacia el pasado para buscar inspiración, revisando archivos de moda de décadas anteriores. Ahlem Manai-Platt prefiere mirar hacia arriba, a las cornisas de los edificios y a las estructuras de hierro de las estaciones de tren. Su marca, fundada en 2014, introdujo una variable que la óptica suele ignorar: la arquitectura. Para esta diseñadora parisina instalada en Los Ángeles, las gafas no son simples adornos para el rostro, sino estructuras habitables que deben responder a las mismas leyes de funcionalidad y luz que un rascacielos o un museo moderno.

Su enfoque rompe con la tradición decorativa francesa. En lugar de llenar el armazón de logotipos o adornos innecesarios, Ahlem aplica los principios de la escuela Bauhaus. La regla de oro de este movimiento alemán de principios del siglo veinte era que la forma debe seguir a la función. En un anteojo, esto significa que cada tornillo, cada soldadura y cada curva del metal debe tener una razón de ser estructural. No hay maquillaje. El metal queda expuesto, crudo y limpio, confiando en que la geometría sea suficiente para sostener la estética.

La conexión entre París y Los Ángeles

La identidad de la marca nace de una cruza geográfica, ya que Ahlem nació y creció en París, rodeada de la elegancia y la fineza francesa. Trabajó en la industria de la moda y el periodismo antes de mudarse a Venice Beach, California. Ese cambio de escenario fue determinante para el desarrollo de sus diseños.

California le dio la luz y la relajación típica de ese lugar, pero París le dejó la obsesión por la manufactura y el detalle. Sus diseños tienen nombres de lugares específicos de la capital francesa, como “Place de la Madeleine” o “Rue St. Dominique”. Sin embargo, no son piezas nostálgicas, tienen un detalle técnico y una frialdad que las hace ver modernas. Es el tipo de objeto que usaría un arquitecto o un diseñador gráfico, alguien que valora la línea recta y el espacio negativo más que el brillo del diamante.

La obsesión por el enchapado real

Aquí es donde la marca se separa del resto del mercado de lujo. La mayoría de las gafas doradas que se venden en el mundo tienen un baño de color flash, una capa de oro microscópica que desaparece con el sudor y el tiempo. Ahlem utiliza un estándar de joyería real. Sus armazones de metal reciben un baño de oro de 22 quilates con un espesor de tres micrones.

Para proteger el oro y evitar su desgaste, se utilizan distintos materiales como base, sobre todo los duros y resistentes a la corrosión, como el paladio. Entonces, el usuario de ese artículo percibe la densidad en el mismo momento en el que agarra las gafas, es la diferencia entre llevar gafas reales de lujo o llevar gafas de bijouterie.

Texturas que atrapan la luz

La influencia de la arquitectura Bauhaus se nota especialmente en el tratamiento de las superficies. Ahlem Manai-Platt suele aplicar texturas martilladas sobre el metal de los puentes y las patillas. No es un capricho decorativo, la intención es principalmente imitar la fachada de los edificios brutalistas.

Al romper la superficie lisa del metal con pequeños golpes geométricos, la luz se refleja de manera fragmentada. El anteojo brilla, pero no encandila. Genera sombras y profundidades en una pieza que tiene apenas unos milímetros de ancho. Es un recurso arquitectónico llevado a una escala diminuta. La diseñadora entiende que la luz de California es dura y directa, y diseña sus objetos para que interactúen con ese sol intenso sin perder definición.

Geometría sobre género

Otra característica heredada del racionalismo arquitectónico es la neutralidad. Muchos de los modelos de la marca no distinguen entre hombre y mujer. Son formas geométricas puras: círculos, cuadrados, hexágonos. Si la forma está bien resuelta matemáticamente, funciona en cualquier rostro humano independientemente del género.

Esta postura aleja a la marca de las tendencias de moda rápida que dictan qué se debe usar cada temporada. Un edificio de la Bauhaus diseñado en 1920 sigue viéndose moderno hoy porque se basa en proporciones áureas, no en caprichos. Ahlem busca esa misma atemporalidad. Un armazón suyo comprado hoy debería verse vigente dentro de veinte años.

El detalle invisible

El lujo en esta propuesta pasa por lo que no se ve a simple vista. Las bisagras suelen tener grabados láser con patrones que imitan las hojas de acanto o líneas art déco, pero están ubicados en la cara interna de la patilla. Solo el dueño sabe que están ahí. Las plaquetas nasales no son de plástico genérico, sino de cerámica o de metal bañado en oro, diseñadas para durar tanto como el armazón.

Ahlem Manai-Platt logró demostrar que la manufactura francesa tradicional, que muchos daban por muerta o anticuada frente a la potencia italiana y japonesa, todavía tiene algo que decir. Lo hizo aplicando el rigor de la arquitectura alemana a la elegancia parisina. El resultado son gafas que no buscan disfrazar a la persona, sino construir una estructura limpia sobre su mirada, eliminando todo el ruido visual para dejar solo lo esencial.

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