Interior abstracto con múltiples escaleras de concreto entrelazadas en diferentes direcciones, en una sala amplia de estilo minimalista.

Arte concreto y cinético en Sudamérica

En la historia del arte Latinoaméricano, estas corrientes tuvieron un gran impulso en el territorio atravesado por diversas problemáticas sociales. 

En el camino del arte latinoamericano del siglo XX, se destaca un movimiento provocador,  estructurado y visionario: el arte concreto y cinético. Se trata de una corriente adoptada en Sudamérica con una visión particular de una geometría rebelde, profundamente crítica, que desafiaba las convenciones estéticas como  las estructuras sociales y políticas.

Es que la región atravesaba momentos de modernización acelerada, dictaduras, movimientos de resistencia cultural y una fuerte búsqueda de identidad. Es en este escenario que artistas de Argentina, Venezuela, Brasil y Uruguay impulsaron un lenguaje visual que tenía una carga transformadora, que sigue vigente en el arte contemporáneo.

Orden y ruptura, el arte como herramienta

El arte concreto surgió como una respuesta directa al lirismo subjetivo de las vanguardias anteriores. Theo van Doesburg fue uno de los precursores europeos y aseguró que se trata de un arte “sin simbolismo ni lirismo”, enfocado en los elementos plásticos puros como son  líneas, planos, colores. 

Esta búsqueda de objetividad encontró un lugar en la Argentina de los años cuarenta, donde se desarrolló uno de los focos más activos del movimiento. En Buenos Aires, el Grupo Madí, lanzado por Gyula Kosice, Carmelo Arden Quin y Rhod Rothfuss, y la Asociación Arte Concreto-Invención, liderada por Tomás Maldonado,  fueron claves en esta nueva escena. 

Estos grupos compartían el objetivo de por apartar la representación y buscar la autonomía de la obra, aunque se diferenciaban en sus estrategias. Maldonado y su corriente apostaban por la precisión matemática y el rigor formal. Y el grupo Madi experimentaba con formatos recortados, articulaciones móviles y humor lúdico.

Pero ambos estaban unidos por el uso de la geometría siendo que tenían en cuenta que las obras no eran ventanas al mundo, sino entidades autónomas, artefactos visuales autosuficientes. 

Sin embargo, esto no quería decir que las obras tenian una neutralidad política, sino que el  concretismo argentino se oponía tanto al expresionismo romántico como al populismo peronista, mostrando una estética del pensamiento racional y colectivo.

En Brasil, la geometría tuvo un giro sensorial y poético ya que a fines de los años cincuenta, el movimiento neoconcreto, con artistas como Lygia Clark, Hélio Oiticica y Lygia Pape, surgió en Río de Janeiro como respuesta crítica al concretismo paulista, siendo visto como frío y racionalista.

Los neoconcretos proponían un arte que no solo se percibe, sino que se vive. De esta forma, la obra dejaba de ser un objeto cerrado para convertirse en una experiencia abierta, participativa, vital. 

“Bichos” de Clark es un ejemplo siendo esculturas manipulables que invitan al juego y la intervención del público. Los “Parangolés” de Oiticica, también siendo capas coloridas que se usan en movimiento, fusionando arte, danza y protesta. En ambas, la geometría se desborda, se vuelve performática, social, transformadora.

En Venezuela, el arte cinético se posicionó como una expresión singular junto al proyecto modernizador del país en tiempos del boom petrolero. Artistas como Jesús Rafael Soto, Carlos Cruz-Diez y Alejandro Otero convirtieron la investigación óptica en una herramienta para transformar el espacio público y democratizar el acceso al arte.

El cinetismo venezolano se planteó como una experiencia perceptiva total, siendo que las obras buscan impulsar a mirada del espectador, hacerlo parte del proceso, involucrarlo físicamente en la construcción del fenómeno visual. La obra ya no se contempla sino que se atraviesa, se recorre, se vive.

En esta línea, el Estado venezolano apostó a integrar el arte moderno en la arquitectura urbana por lo que murales, fachadas y parques fueron el lienzo de de obras cinéticas, convirtiendo a Caracas en un escenario de vanguardia a cielo abierto.

La geometría rebelde del concretismo y el cinetismo no quedó ligada solo en el siglo XX sino que su legado está presente en el arte contemporáneo sudamericano, tanto en sus aspectos formales como conceptuales. 

Artistas actuales como Magdalena Fernández de Venezuela,  Ad Minoliti de Argentina o Tatiana Blass de Brasil toman el lenguaje geométrico desde perspectivas críticas, feministas, tecnológicas y sensoriales.

El arte concreto y cinético en Sudamérica fue un movimiento que se identificó en lo social con una respuesta original, crítica y profundamente latinoamericana a los desafíos de la modernidad.

Ante un escenario atravesado por la represión política, desigualdad social y redefiniciones culturales, la geometría se volvió una herramienta de resistencia. Con orden, estructura, repetición y color, cada elemento era parte de un manifiesto visual que proponía otra forma de ver, de sentir, de habitar el mundo.

A través del juego, de la ciencia o del cuerpo, estos artistas convirtieron la abstracción en una herramienta para imaginar futuros posibles, por ello la geometría rebelde sigue siendo una herramienta muy importante para pensar el arte como experiencia, como diálogo, como acción transformadora.

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