
Las gafas de sol que antes usaban los abuelos o la gente famosa del siglo pasado volvieron a aparecer. Y no volvieron como algo raro, sino como lo más común en la calle. Hay gafas grandes con marcos duros, otras bien redondas, algunas con vidrios medio color miel o verdes apagados. Tipos de diseño que por un tiempo habían quedado medio fuera de circulación, ahora se ven en todos lados.
Esto no pasó de golpe. Algunas marcas ya venían mostrando modelos parecidos en sus campañas, pero el empuje fuerte vino más de la gente que empezó a usarlas sin tanta vuelta. Primero se vieron en redes, después en ferias, después en negocios de shopping. Y así, lo que parecía una elección medio personal, se transformó en una moda que no paró más.
La moda retro no arranca en las marcas
No fue una jugada de marketing planificada. Muchas veces estas gafas volvieron porque alguien las encontró en la casa de un familiar, o porque estaban tiradas en una caja de cosas viejas. Después se empezaron a ver en ferias y locales de ropa usada. Ahí empezaron a levantar vuelo.
Cuando se hizo evidente que funcionaban, las marcas grandes copiaron la idea. Sacaron sus propias versiones, algunas bien parecidas a los modelos originales, otras más “inspiradas”. Lo que antes era visto como anticuado se convirtió en lo que todos querían. Y como pasa siempre, en cuanto algo se pone de moda, aparece en todos lados.
Las redes sociales metieron presión
El rebote fuerte vino desde las redes. Algunos modelos se volvieron virales sin que nadie lo buscara. Una foto de alguien con gafas que parecían de otra época y listo, todo el mundo quería unas iguales. Eso se multiplicó rápido. Influencers, cantantes, gente que no es famosa pero tiene estilo, todos metiendo fichas al look retro.
También ayudaron un montón las series de época. Hay producciones que recrean tan bien los años 70, 80 o 90 que terminan metiendo de nuevo esas estéticas en circulación. Las gafas que usaban los personajes se empezaron a buscar. En algunos casos, modelos idénticos a los originales. En otros, versiones parecidas pero más fáciles de usar.
No se usan igual que antes
Aunque los diseños sean parecidos, no se usan de la misma forma. Las gafas retro de ahora suelen venir con algunos ajustes: materiales más livianos, colores un poco más vibrantes, formas que imitan lo viejo pero con un toque actual. Es como si fueran una versión editada de lo que se usaba antes.
Y hay algo más: ahora se combinan con ropa que en otra época no tenía nada que ver. Gente con gafas ochentosas y zapatillas deportivas modernas, o con pantalones anchos y gorra tipo skater. Esa mezcla es parte del atractivo. Lo retro deja de ser solo “de época” y se vuelve algo propio.
Hay una cuestión de estilo, no solo de moda
Muchas personas eligen gafas retro porque les gusta cómo se ven, sin importar si están de moda o no. Hay algo en esos marcos gruesos, en los lentes medio ahumados, que tiene personalidad. Incluso si no quedan perfectos con la cara, o si no son tan prácticos para el sol, igual se eligen.
También pasa que usar un modelo antiguo da una sensación de autenticidad. Como si fuera algo que uno encontró y no algo que salió ayer de fábrica. Aunque después la mitad del mundo tenga unas parecidas, la primera sensación es esa: la de llevar algo que tiene historia.
¿Cuánto de retro hay en lo retro?
No todo lo que parece antiguo realmente lo es. Muchas marcas fabrican modelos nuevos que parecen viejos. Usan colores apagados, formas clásicas, hasta nombres que suenan a otro tiempo. Pero son productos actuales. En algunos casos, ni siquiera están basados en modelos reales del pasado, solo en una idea general de “lo retro”.
Eso no necesariamente es un problema. Mucha gente busca ese estilo, no la autenticidad. Pero sí marca una diferencia. No es lo mismo rescatar unas gafas que estaban tiradas en un cajón, que comprarse unas nuevas hechas para parecer viejas. Aunque por fuera se vean iguales, la historia atrás no es la misma.
Lo retro como forma de destacarse
Otra razón por la que estos diseños volvieron es porque permiten salirse un poco del molde sin hacer algo demasiado extremo. Son llamativos, pero familiares. No son lo mismo que usan todos, pero tampoco son difíciles de llevar. En ese punto, lo retro funciona como una especie de zona intermedia: ni básico, ni exagerado.
Además, hay algo medio romántico en usar un modelo que tuvo otra vida. Aunque uno no sepa quién lo usó antes, hay una idea de continuidad, de estilo que no caduca. Y en un momento donde todo parece rápido, nuevo y descartable, eso tiene otro peso.
Los diseños no duran, pero la onda sí
Puede que en unos años estos modelos vuelvan a pasar de moda. O que se mezclen con otras cosas y aparezca algo nuevo. Pero la lógica de rescatar lo viejo no parece irse. Siempre hay algo del pasado que vuelve a pegar. Y mientras eso siga funcionando, las gafas retro van a tener su lugar.
Lo interesante es cómo cambian de manos. Lo que en un momento era símbolo de otra generación, ahora lo llevan pibes y pibas que buscan algo distinto. No hay garantía de originalidad, pero sí hay un intento de construir estilo con cosas que no salieron recién del horno. Y eso, al menos, tiene un poco más de onda.