
Al pensar en unas gafas de sol, la mirada suele quedarse en la forma o en el logo grabado en la patilla. El plástico sigue dominando porque es barato y fácil de moldear. Sin embargo, trae un problema evidente: se fabrica a partir del petróleo y termina en basurales o en el mar.
Frente a eso, muchas marcas empezaron a probar con alternativas más responsables. Algunas recurren a bioplásticos obtenidos de maíz o caña de azúcar, otras buscan darle una segunda vida al plástico reciclado. Esa elección se nota en el estilo y también en las consecuencias que genera.
La textura de unas gafas de sol dice más de lo que parece. El tacto rugoso de un armazón de madera transmite calidez. El acabado mate de un bioplástico da la sensación de un objeto más natural, menos industrial. Incluso el brillo del acetato reciclado puede tener su encanto, sobre todo cuando se mezclan pequeños fragmentos de colores y generan un efecto único.
El significado de material sostenible
No se trata únicamente de que sea reciclado o biodegradable. Un material sostenible es aquel que, en todo su ciclo de vida, busca reducir el impacto ambiental. Desde cómo se obtiene la materia prima, pasando por su proceso de fabricación, hasta qué ocurre cuando deja de usarse.
Por ejemplo, la madera certificada que proviene de bosques gestionados con criterio evita la tala indiscriminada. Los bioplásticos pueden parecer perfectos, pero si se fabrican con cultivos que desplazan alimentos o requieren demasiado riego, también tienen su lado cuestionable. Ahí está la clave: mirar más allá de la etiqueta “eco” y pensar qué hay detrás.
El regreso del acetato, pero con otra lógica
Durante décadas, el acetato fue uno de los materiales más usados en la industria óptica. Se lo valoraba por su resistencia y por la posibilidad de jugar con colores. Sin embargo, se lo criticaba por ser un derivado del petróleo. Ahora se lo está resignificando. Existen versiones de acetato reciclado que aprovechan recortes de fabricación, evitando que se conviertan en desecho. El resultado mantiene la calidad de siempre, pero con un costado más amigable.
Madera y bambú, la opción cálida
Las gafas de sol de madera aparecieron como una novedad hace unos años y en muy poco tiempo lograron instalarse en un mercado particular. La sensación de sostener unas gafas de sol livianas, que encima tienen partes únicas y ecológicas, genera un vínculo especial.
El bambú, en particular, se consolidó como uno de los favoritos por su velocidad de crecimiento y por ser más flexible que otras maderas. Claro que no todo es tan simple. En el caso de la madera, si la madera se extrae sin control o se transporta desde lugares lejanos, la huella ambiental puede ser considerable.
Materiales reciclados
Hay marcas que recolectan redes de pesca abandonadas en el mar y las transforman en gafas de sol. El resultado no siempre es perfecto en términos de acabado, pero esa imperfección también se convierte en parte del encanto. Un ejemplo concreto: algunos modelos presentan pequeñas manchas o cambios de tono que revelan el origen ecológico. En lugar de ocultarlo, se lo muestra como un signo de identidad. Es la prueba de que el objeto ya tuvo una vida anterior y ahora se transforma en otra cosa.
Durabilidad y reparación, otro costado de la sostenibilidad
Más allá de los materiales, la sostenibilidad en las gafas de sol también depende de cuánto tiempo duran. Un armazón pensado para resistir, con bisagras de calidad, evita que el usuario tenga que cambiarlo cada temporada. Incluso hay marcas que ofrecen piezas de repuesto, para reparar en lugar de descartar.
En ese sentido, un diseño atemporal también suma. Unas gafas clásicas que atraviesan modas terminan siendo más sostenibles que un modelo de tendencia rápida que queda viejo al año. La moda puede renovarse sin necesidad de que todo sea descartable.
Entre lo artesanal y lo industrial
El trabajo artesanal tiene su encanto. Los talleres chicos suelen cuidar más los materiales y darle un sentido propio a cada par de gafas. La producción grande también suma, porque es la que puede llevar esas ideas a más gente. Lo ideal sería que convivan las dos formas: que lo que arranca en un taller termine llegando a una fábrica sin perder lo especial que tenía al inicio.
Otra forma de ver las gafas de sol
Ya no son solamente un detalle de estilo. En las texturas, en el origen de los materiales y en cómo se piensan los diseños aparece algo que va más allá de lo estético. Hay un modo diferente de relacionarse con lo que usamos, una mirada que le da sentido a lo cotidiano.
Unas gafas de bambú o un armazón de acetato reciclado quizás no transformen todo, pero funcionan como un recordatorio. Y a fuerza de pequeñas elecciones, aunque parezcan mínimas, ese gesto termina sumando en un cambio más grande.