
El austriaco Johann Friedrich Voigtländer diseñó las gafas montadas al aire hacia el año 1824. En este modelo se prescindía de la montura, con lo que las lentes y el puente se fabricaban a partir de una única pieza de cristal. Solo las patillas eran de otro material. Otro austriaco, Jacob Waldstein, inventó unos quevedos y un monóculo de vidrio. Cabe destacar que sus quevedos disponían de un puente metálico, pero no de una montura, de modo que las gafas se sostenían sobre la nariz mediante los surcos que presentaban los bordes del vidrio. Este invento recibió el nombre de gafas Waldstein. A pesar de que las gafas montadas al aire gozaron de gran aceptación durante el siglo XIX, a principios del XX la montura se consideraba importante y este modelo pasó de moda durante un tiempo.
La invención del motor de vapor entre 1830 y 1840 permitió el acceso de muchos habitantes de la Europa occidental a medios de transporte que se desplazaban a gran velocidad. Los trenes solían dividirse en tres clases. Si bien los vagones de primera y segunda contaban con techo y ventanas, los de tercera eran abiertos. De este modo, los viajeros de esta última categoría estaban expuestos a los elementos, al polvo y a la arena que transportaba el viento, además de algo también digno de tenerse en cuenta: el humo de la locomotora. Para remediar este hecho se inventaron los anteojos de viaje, cuyo objetivo no era corregir la visión sino proteger los ojos. De hecho, recordaban a las gafas de correa del siglo XVI. Johann Friedrich Voigtländer, el inventor de las gafas montadas al aire, creó un tipo de gafas de patilla pensadas para su uso en los trenes.
A principios de la década de 1900 se produjo una situación parecida con la invención del automóvil. Los primeros coches eran como carruajes con motor. Dado que eran abiertos, se vio la necesidad de diseñar anteojos para automovilistas, que, al igual que los primeros anteojos para viajar en tren, parecían una máscara. La montura solía ser de cuero, aunque posteriormente se comercializaron modelos de goma o tejido. Las lentes eran de cristal y, más adelante, de plástico. A partir de 1950, momento en el que la mayoría de los coches tenían techos y ventanas, los anteojos para automovilistas desaparecieron. No obstante, los anteojos de motor, una variante de estos últimos, siguieron utilizándose.
En esta época aparecieron también las gafas de seguridad pensadas para proteger los ojos al llevar a cabo tareas peligrosas. Tras la revolución industrial, la proliferación de máquinas más complejas y de mayor tamaño incrementó la importancia de esta clase de medidas. Como consecuencia, se crearon gafas de protección para obreros. Como metalúrgicos y herreros.
A principios del siglo XX las gafas de patilla se impusieron a todos los demás modelos, de modo que los monóculos, los quevedos, las gafas de tijera y los impertinentes solo se utilizaban muy ocasionalmente. Así, la mayoría de los usuarios optaba por los mencionados modelos con patilla. Durante las dos primeras décadas del siglo esta clase de gafas solían ser de cuerno. De hecho, hacia 1910 una variante gruesa y poco refinada fabricada con este material se puso de moda en Europa y Estados Unidos. El níquel y el acero también se utilizaban con frecuencia. Estos modelos era algo más económicos, y por tanto, más asequibles para más personas.
Tras la Primera Guerra Mundial (1914-1918), Europa descubrió las gafas de PEX con un modelo aparecido en Estados Unidos que presentaba lentes redondas sujetas a una montura de celuloide, así como un puente y unas patillas de metal. El celuloide fue el primer material sintético termoplástico de la historia y a menudo se utilizaba para fabricar monturas. Se comercializaba en diversos colores, siendo especialmente populares las imitaciones de carey y marfil.
La industria de la fabricación de gafas se expandió con gran rapidez durante esta década. Así, en América, Italia, Francia, Alemania y Austria se crearon multinacionales que vendían sus productos en todo el mundo. En 1932, la empresa Carl Zeiss creó las gafas Perivist. Se trataba de un modelo pantoscópico, es decir, ovalado en la parte superior y redondeado en la inferior, lo que dejaba ver las cejas por encima de la montura. Las patillas se encontraban en la parte superior de la montura y sus extremos eran flexibles para poder ajustarlas tras las orejas.