
No se sabe con certeza de qué manera llegaron las gafas a China y Japón, si bien se suele considerar que los modelos con cordones se introdujeron en este primer país gracias a los contactos con los misioneros. Una obra de referencia china del año 1652 menciona un objeto que servía para corregir la visión de las personas. Aunque no se describe, se dice que procede de Malaca, la actual Malasia, que entonces estaba en poder de los neerlandeses. Por su parte, los chinos crearon diversas variaciones de este tipo de gafas, como unas que llevaban un peso atado a unos cordones de gran longitud, que se colocaban por detrás de las orejas. Las denominadas gafas de varillas cerradas se introdujeron más tarde. Las lentes eran de cristal de roca o cristal de té y, aunque no servían para corregir la visión, su color marrón ayudaba a proteger los ojos de la luz del sol. La montura se elaboraba a partir de carey, plata, cobre u oro.
Estos utensilios se convirtieron en un símbolo de estatus social en China y los que los llevaban eran considerados inteligentes y respetables. El tamaño de la montura y, sobre todo, la lente determinaba la posición del usuario.
En Japón se había evitado la presencia de misioneros aislando completamente el país del resto del mundo a partir de 1639. Existe la posibilidad de que los neerlandeses, a los que se permitió continuar sus actividades comerciales en el país, introdujeran las gafas en Japón durante el siglo XVII. El modelo típicamente nipón era una versión de las gafas de cordones que presentaba un mango en el puente que descansaba sobre la frente. Las gafas y los estuches fabricados en China y Japón solían realizarse a partir de materiales preciosos y su decoración era exuberante.
Durante estos doscientos años, los diseños solían disfrutar de una vida muy breve. A finales del siglo XVI se trató de hacer más flexible el arco o puente situado entre las lentes. El resultado fue la aparición de las gafas de puente estriado, denominadas así porque en el puente se tallaban pequeñas hendeduras. Otro modelo fue el conocido como gafas de montura con muelle, cuyo puente estaba fabricado en plata, cobre o acero y que presentaba las lentes sobre monturas de cuerno, cuero o hueso de ballena. En Núremberg se inventó una máquina capaz de trabajar el hilo de latón hasta dejarlo plano. Como consecuencia, aparecieron unas gafas flexibles totalmente elaboradas a partir de este material. Este modelo gozó de una gran popularidad porque podía fabricarse en grandes cantidades y resultaba relativamente asequible. A finales del siglo XVII se puso en circulación una variante de las gafas de remache que se bautizó como gafas de bisagra. En estas, el remache se sustituía por una bisagra y el puente quedaba ligeramente doblado.
Los instrumentos de una sola lente, precursores de las gafas, experimentaron un desarrollo paralelo al de estas. A lo largo de los siglos aparecieron tres clases distintas. La lupa, o lente de lectura, consistía en una única lente colocada en una montura, que se sujetaba con un mango y se colocaba sobre el texto que se deseaba leer o el objeto que se deseaba ver. El manocle, que apareció en el siglo XIV, se sostenía con la mano ante el ojo. Puesto que en los siglos XVII y XVIII llevar gafas en público se consideraba de mala educación en las cortes francesa e inglesa, la clase alta solía recurrir a los manocles como alternativa. Estos instrumentos se decoraban profusamente y en ocasiones se llevaban sujetos al cuello con una cinta o una cadena. El monóculo, inventado hacia el año 1802, es el último tipo de gafas de una única lente. Para sujetarlo en su sitio debían utilizarse los músculos faciales. Por ello, el borde de la montura solía presentar surcos. Otra posibilidad era que tuviera dos bordes salientes para poder sujetarlo mejor.
Las gafas de tijera aparecieron en las ciudades de Núremberg y Regensburg (sur de Alemania) entre 1750 y 1760.Deben su nombre al hecho de disponer de dos mangos largos sujetados con un remache, de modo que su aspecto recordaba al de unas tijeras. Esta clase de gafas solían colgarse del cuello mediante una cinta. Existía otro modelo en el que los dos mangos se plegaban sobre una pieza central, que solía ser de cuerno y servía como elemento de protección. Durante el siglo XVIII se fabricaron también variantes en hueso, madera, plata, oro y madreperla. Otro tipo de gafas de tijera disponía de una caja en la que era posible colocar los dos mangos plegados. También existían las gafas de tijera rígida, que no podían plegarse porque las patas estaban firmemente sujetas entre ellas. Desde Alemania, las gafas de tijera pasaron a Francia e Inglaterra. Tras la Revolución francesa (1789) la actitud respecto a las gafas cambió radicalmente y la clase alta dejó de considerar su uso como un signo de mala educación. De hecho, se convirtieron en accesorios de moda y las llevaban incluso personas que no las necesitaban. Las gafas de tijera fueron uno de los modelos más apreciados durante todo el siglo XIX.