Rostro, moda y tecnología: un nuevo rumbo en el diseño de accesorios ópticos

Desde siempre, las gafas de sol ayudan a las personas a cubrirse de los reflejos solares. Pero lo que empezó justamente como un invento práctico para proteger los ojos del sol o, en todo caso, mejorar la visión, fue cambiando para ser un accesorio cargado de significado. Se apoyan en la cara, que es el lugar donde más se concentra la atención de los demás.

Al principio la utilidad pesaba más que la estética. Lo que ahora se puede ver reflejado de una manera muy notable es que la moda siempre recicla símbolos, y las gafas se prestan a esos giros porque nunca dejaron de ser visibles en la cara.

Moda y estética: un relato que cambia

Hay que reconocer que las gafas se volvieron un lenguaje en sí. Si bien no dicen palabras, transmiten estados de ánimo, el estilo propio de cada persona y la forma de pararse frente al mundo. Por ejemplo, una persona que tiene puesto un modelo retro de gafas parece contar una historia distinta, quizá más antigua, a quien elige un modelo deportivo o futurista.

En el mundo de la moda, la posibilidad que tiene un accesorio de cambiar las expresiones de la cara juega un papel importante. Los diseñadores de moda más importantes conocen este detalle, y las marcas también, por lo que se esmeran muchísimo en trabajar cada detalle de los marcos y, por supuesto, de los lentes.

Materiales que suman

Hay que remarcar la importancia que tienen los materiales con los que están hechas las gafas. Los plásticos reciclados, los biomateriales o las aleaciones ligeras muestran algo más que su utilidad. Hablan de una búsqueda de coherencia entre estética y cuidado ambiental. En ese gesto hay un simbolismo de que las marcas se preocupan por el cuidado del medio ambiente, como si el objeto tuviera memoria del proceso que lo originó.

En los últimos años se vio de una manera sumamente importante el avance de la tecnología en las gafas. Fue cuando lo artesanal y lo tecnológico empezaron a compartir un mismo objeto. Esa mezcla produjo marcos que no hubieran existido sin esa alianza. El resultado fue doble: comodidad física y una narrativa que refuerza la identidad de quien las usa.

Por otro lado, el desarrollo de la tecnología en el campo de la óptica permitió probar nuevos modelos y marcos que antes parecían difíciles de desarrollar. La integración entre diseño y sensación física cambió la manera en que se percibe la relación con el accesorio: dejó de ser un objeto que simplemente se lleva y pasó a ser un compañero cotidiano que acompaña gestos y movimientos.

Ergonomía como punto de partida

Es verdad que hay diseños que pueden generar dolor en la cara, marcas e incluso se pueden resbalar y caerse de las orejas, con lo cual se pueden llegar a romper si caen al piso. Es cierto que los lentes en sí pueden ser cambiados, pero el marco habla de la marca en sí, su color, su textura y su forma le muestra a los consumidores la importancia que la empresa le da a la ergonomía y a su comodidad.

Cultura, estética y proyección personal

No hay que olvidarse que las gafas ya son una parte más de la cara, una forma de expresarse y un símbolo de la cultura de cada persona. Se las puede asociar con un estilo de vida, con un momento histórico e incluso con personajes de series o películas.

Quien elige un modelo no solo compra un objeto, también se apropia de un relato cultural. Lo que queda en la cara es un accesorio, sí, pero también una proyección de identidad. La cara es la superficie más directa: todo impacto estético ocurre ahí. La tecnología suma innovación y amplía los límites de lo que se puede esperar de un objeto tan pequeño.

La mirada cambia todo

Este accesorio ya no solo está para cubrir los ojos, empieza a hablar solo, medio a los saltos, mezclando lo que uno quiere mostrar y lo que parece decir sin querer. A veces la forma, el color, hasta el material parecen gritar algo, pero nadie termina de entender del todo qué.

La tecnología encima mete más cosas: vidrios que cambian con la luz, marcos flexibles, detalles que casi nadie nota pero que suman a la sensación de que el objeto está vivo, que reacciona a uno y al mundo.

Todo se junta y hace que la cara deje de ser solo cara: pasa a ser un territorio donde las gafas proyectan gestos, estilo, ideas, hasta humor. Y así uno termina con un accesorio que parece simple, pero que habla y repite, aunque no de una forma tan clara, quién es uno, qué quiere y cómo se mueve en el mundo, todo en un par de lentes.

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